Que no os engañe la rudeza:
sobre él habita la dulzura
de un dulce y cálido algodon.
Su barba es firme y
frondosa;
sin embargo, al rozarme,
es una nube cargada de miel
que enciende mi piel.
Oh, noble caballero
de gran armadura,
te agradezco por mostrarme
tu nobleza pura.
Ríes fuerte y sufres
ausente.
Has amado firme y convincente,
y vive en ti,
entre lo hondo y lo superficial,
el deseo de volver a amar.
La magia de tus manos,
fuertes y pequeñas, me enaltecen
y me invitan a nadar
en el mar de pasiones
que me llevan a naufragar en ti.
Tú, el de mirada triste
y corazón fértil,
No te vayas de aqui.











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