A lo largo de nuestro camino, en
ocasiones creemos haber tenido ya la certeza de haber encontrado a ese
compañero(a) con el cual caminar. Lo duro es cuando el tiempo te enseña y te
muestra que no.
Muchas
veces, tus anhelos no son los de la persona que comparte contigo. Hace poco leí
que el hecho de que alguien quiera pasar tiempo contigo, le guste tu compañía,
se entiendan y se gusten, no significa que quiera un compromiso a tu lado. Y
qué real es cuando te encuentras en ese escenario y la venda de los ojos se
abre un poquito. Te permites verlo, pero sobre todo, aceptarlo.
La
aceptación es una transición dura (recomiendo saltársela… no, broma). Es justa,
es necesaria, es dolorosa, incómoda… y, al final, es amigable. Es la parte más
sincera contigo mismo, con la realidad; esa misma que muchas veces pasamos por
alto al querer sostener vínculos que deseamos que perduren infinitamente.
Si
algo te digo a ti, que me lees: aprende a mirar bien. Que a quien decidas
mantener a tu lado, observe en tu misma dirección y no a los laterales.
Todos merecemos ser el punto fijo: el sol, la luna… y no solo las nubes que pasan y adornan el cielo.

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HOLA,